Imperio bizantino de Oriente (Bizancio), características y etapas

Teodosio (fundador Imperio bizantino de oriente)

También conocido como Bizancio o el Imperio romano de Oriente, nace de la división del Imperio romano en dos imperios, el de Occidente y el de Oriente, esto ocurrió en el año 395 d.C. El Imperio romano de Occidente conservó su nombre y su capital en Roma. Mientras que los dominios imperiales del Este pasaron a ser llamados Imperio bizantino de Oriente, tenían su capital en Constantinopla (actualmente Estambul, en Turquía) y su propio emperador.

El Imperio bizantino duró sobre unos mil años. A continuación te hablaré un poco más sobre la historia de este gran Imperio.

¿Quién fue el fundador del Imperio bizantino?

El Imperio bizantino de Oriente tuvo lugar a través de la decisión del Emperador romano Teodosio de dividir el Imperio romano en dos partes y entregarle cada una de estas a uno de sus hijos.

No obstante, la división del imperio romano en dos no fue original de Teodosio. El emperador Diocleciano en el año 293 d.C. había implementado un sistema de gobierno conocido como Tetrarquía, que dividía el Imperio romano en la parte occidental y la oriental, y cada una de ellas era gobernada por un emperador augusto y su heredero César.

Este sistema no sobrevivió a la muerte de Diocleciano, pero las causas para la división del Imperio romano siguieron vigentes y se fueron asentando hasta que el emperador Teodosio tomó la decisión definitiva de entregar las provincias de oriente (las regiones de Grecia, Macedonia, Turquía, Siria, Palestina y Egipto) a su hijo mayor Arcadio con su capital en Constantinopla (Estambul).

El territorio del imperio romano occidental, Europa y África (las actuales Italia, Francia, España, Portugal, Inglaterra y el norte de África), lo gobernó Honorio  quien era el hijo menor del emperador Teodosio.

El imperio occidental sobrevivió poco menos de un siglo a esta división, mientras que el de Oriente o Imperio bizantino tuvo una existencia de más de mil años, desde el año 395 d.C. hasta el año 1453 d.C. (en este año también se produjo la caída de Constantinopla en manos de los otomanos (actuales turcos).

Causas de la división del Imperio romano

Entre las principales razones para la división del Imperio romano te puedo mencionar las siguientes:

– La gran extensión del territorio romano que ocupaba tres continentes (Europa, Asia y África) en torno al mar Mediterráneo.

– Este territorio era muy difícil de gobernar desde una administración centralizada. Esto propició la debilidad del gobierno central y su dependencia del ejército, que terminó poniendo a sus generales como emperadores.

– Esta situación, causó guerras civiles por el poder, que junto al tamaño del Imperio, hicieron que defender el territorio fuese complicado, haciéndolo vulnerable en sus fronteras.

– La fragilidad del territorio fue aprovechada por tribus bárbaras de Europa y Asia que en diversos momentos acechaban y traspasaron las fronteras, esta situación aceleró una crisis económica producto de la mala administración de las finanzas.

– La crisis económica del siglo III causó muchos problemas de índole social, que se sumaron a la persecución de los cristianos, todo esto generó mucho descontento en la población del imperio.

Características del Imperio bizantino

La palabra bizantino proviene del nombre dado en griego a la antigua ciudad de Bizancio, perteneciente a Tracia (región de la Grecia antigua) que posteriormente fue conocida como Constantinopla.

Sin embargo, este nombre es moderno, utilizándose primeramente en el siglo XVIII. En realidad, el Imperio bizantino de Oriente era conocido como Imperio romano, en su denominación griega “Basileia Rhōmaíōn”o Imperium Rōmānum, en latín. El emperador de oriente o bizantino era conocido como el Basileus que es un título de origen griego para los monarcas.

Muchos historiadores convienen en aceptar que el Imperio romano de Oriente fue la continuación del Imperio romano en los dominios del antiguo imperio helénico de  Alejandro Magno, territorios que habían sido dominados por los romanos. Por esta razón su población hablaba griego y latín entre muchas otras lenguas como el siriaco, el arameo y el copto.

La época de mayor esplendor del Imperio bizantino de Oriente fue durante el reinado del emperador Justiniano en el siglo VI. A él se debe la construcción de la catedral de Santa Sofía (Hagia Sofia) que es el monumento más característico de la ciudad de Constantinopla (Estambul) y una hermosa muestra de la fusión de la arquitectura romana con la tradición oriental.

La continuidad de la herencia del Imperio romano se acepta hasta el siglo VII d.C. durante el gobierno del emperador Heraclio I, quien introdujo una serie de reformas que harían que el Imperio bizantino de oriente adquiriera una identidad propia.

Entre las principales características del Imperio bizantino de Oriente se encuentran las siguientes.

Organización política

La figura del basileo, o emperador de bizancio, era diferente del emperador romano. El emperador del Imperio bizantino de Oriente era un autócrata, no debía rendir cuentas a ningún poder civil como el senado romano. El concentraba todo el poder tanto civil como militar y también el religioso.

Se consideraba que el Basileus era un representante de Dios en la tierra, por lo que este sistema de gobierno era una teocracia. El emperador y su familia eran considerados sagrados.

El emperador era la máxima autoridad de la religión cristiana ortodoxa. Por ser una teocracia la religión jugó un papel muy importante en la organización política y en las decisiones del Imperio. La religión cristiana ortodoxa rompió con la iglesia católica romana que no aceptaba al emperador bizantino como máximo poder de la iglesia.

Existían burócratas o altos funcionarios de la corte, pertenecientes a la nobleza, que se encargaban del gobierno de los asuntos políticos, administrativos, económicos y militares del Imperio.

Organización social

La organización de la sociedad bizantina era muy jerarquizada. En la cúspide se encontraba el emperador y su correspondiente familia.

Alrededor del emperador se organizaba la vida de la corte formada por la alta nobleza, quienes tenían un considerable poder en el imperio.

La religión era muy importante, por lo que el alto clero estaba formado por la jerarquía religiosa, gozaban de muchos privilegios e importancia dentro de la sociedad bizantina.

Luego venía la clase alta de la sociedad conformada por comerciantes, terratenientes que eran grandes productores agrícolas y los artesanos dueños de talleres que producían los insumos de mayor demanda comercial.

Por debajo estaba la clase media formada por los pequeños agricultores, el bajo clero que eran los sacerdotes regulares y los trabajadores de los talleres artesanales.

Finalmente, en la parte más baja de la escala social se encontraban los campesinos que debían pagar muchos impuestos que los condenaban a una vida de pobreza y servidumbre.

Sistema económico

Constantinopla era un lugar privilegiado que actuaba como bisagra entre oriente y occidente, esto le sirvió al Imperio bizantino de Oriente como palanca para lograr el dominio del comercio en la región, y obtener así una gran prosperidad económica.

Los talleres artesanales alcanzaron gran desarrollo y se hicieron famosos por productos como sus telas, la orfebrería, el soplado de vidrio y otras mercancías.

Los comerciantes bizantinos acaparaban el comercio de productos orientales como la seda, las especies, el marfil y las maderas finas que se comerciaban en todo occidente.

La producción agrícola también era una fuente importante de riqueza, sobre todo en ciudades como Nicea, Salónica, la Antioquia o la brillante Alejandría que servía de comercio de mercancías provenientes de todas las rutas comerciales dominadas por el Imperio.

Etapas del Imperio bizantino

La historia del Imperio bizantino de Oriente se divide convencionalmente en cuatro etapas.

La edad de oro

Data en los siglos V y VI d.C., concretamente con el reinado del emperador Justiniano. Durante este período el imperio alcanzó su cúspide.

El emperador Justiniano se había trazado la meta de recuperar el territorio del Imperio romano.

Con esto en mente, tuvo grandes éxitos militares que lo llevaron a asegurar el control de los territorios orientales, el sur de la península itálica, algunas zonas de Hispania y el norte de África.

En este período se acometieron obras para aumentar la belleza y esplendor de Constantinopla, por ejemplo, se construyó la catedral de Santa Sofía.

El emperador compiló un conjunto de leyes del Imperio conocido como el Código Justiniano.

La 1º fase de decadencia

Siglos VIII y IX d.C.  En este período el Imperio perdió fuerza y territorios.

En Italia los lombardos se impusieron con su reinado. En la península arábiga y el norte de África los musulmanes conquistaron los territorios obtenidos por Justiniano, reduciendo a Asia Menor y Grecia la extensión del Imperio.

Durante este período ocurrió la querella iconoclasta, un enfrentamiento entre el emperador y la iglesia por el dominio que esta había adquirido sobre la población. 

Por esta razón, el emperador prohibió la adoración de imágenes y tomó una serie de medidas en cuanto a los dogmas de la religión cristiana que le garantizaban dominio de la población y de la iglesia.

La edad de plata

Durante los Siglos IX y X se logró recuperar el control de algunos de los territorios perdidos por el Imperio, esto se hizo bajo la conducción de una nueva dinastía conocida como la macedónica, inaugurada por el monarca Miguel III.

En esta época el emperador bizantino fue reconocido como la máxima autoridad civil, militar y religiosa.

Este período se caracteriza por el fuerte enfrentamiento que se dio entre los estados musulmanes surgidos a la caída del califato y el Imperio bizantino, tenían por objeto controlar las rutas comerciales en oriente.

La 2º fase de decadencia

Ocurre en los siglos XI-XV. Se da el asedio de los  turcos, un pueblo de origen asiático que había adquirido con fuerza la religión islámica.

Los turcos lograron poblar la región de Anatolia y desde allí asediaron las fronteras del Imperio.

Bajo el mando del Memeth II Fatih, los turcos selyúcidas aprovecharon la decadencia militar y económica del Imperio producto del auge de las ciudades italianas como Venecia y Génova que le arrebataron su dominio comercial.

Memeth II mantuvo una campaña militar de desgaste  hasta lograr, en el año de 1453, conquistar la capital, Constantinopla, poniendo fin al Imperio bizantino de Oriente.  

Cultura del Imperio bizantino

La cultura de Bizancio se caracteriza por ser la fusión de tradición helénica con la cultura romana.

Aunque desde sus inicios se aceptaba la preponderancia de la cultura griega debido a que buena parte de la población hablaba griego.

Gran parte del legado de la Grecia antigua se conservó gracias al Imperio bizantino. Con el tiempo el latín dejó de ser la lengua oficial para pasar a ser la griega.

Por ejemplo, la academia de filosofía fundada por Platón en Atenas se mantuvo hasta el siglo V d.C., cuando durante el gobierno de Justiniano fue disuelta.

Hechos como este marcan la pérdida de influencia de la cultura antigua y el nacimiento de una nueva tradición helénica cristiana.

Sin embargo, la religión cristiana ortodoxa tuvo un papel tan importante en Bizancio que poco a poco fue dominando todos los aspectos de la vida cultural hasta terminar imponiendo su criterio a toda la población.

De este modo, surgió el primer estilo artístico al servicio del cristianismo, el arte bizantino, con gran influencia en pintura, los famosos íconos hechos por los monjes ortodoxos, y su arquitectura, mezcla de ingeniería romana con exuberancia asiática.

Arte del Imperio bizantino

Pintura y mosaicos

Los retablos de figuras religiosas conocidos como íconos son el producto más destacado de la pintura bizantina.

También se deben considerar los mosaicos, que aunque no eran pinturas propiamente dichas, tuvieron un rol central en la decoración de las iglesias y los palacios.

La pintura se realizaba sobre madera y además de pintura se utilizaban materiales como lámina de oro y piedras preciosas.

El estilo de la pintura bizantina era muy esquemático y seguía un canon de representación muy estricto.

El tamaño y el color de las figuras, así como el orden de la composición y algunos atributos de los personajes estaban normados.

Los mosaicos eran composiciones visuales hechas con miles de pequeñas láminas de cerámica coloreadas llamadas teselas, con estas se realizaban las líneas y cubrían los campos de color de las composiciones.

Un ejemplo clásico es el mosaico del emperador Justiniano en la catedral de Ravena, en Italia.

Arquitectura

Esta tiene una fuerte influencia romana y paleocristiana. Tiene esencialmente un uso religioso, aunque también existieron importantes obras civiles.

El material predominante fue el ladrillo pero se enlució con el uso de lajas de piedra en los acabados exteriores y mosaicos en los interiores.

Entre sus rasgos más característicos se encuentra el uso de bóvedas como forma de techumbre, aunque también se utilizaron bóvedas de cañón y de crucería. Las cúpulas destacan por el uso de basamento de pechinas que estaban ampliamente decoradas.

Los templos se caracterizan por ser de planta central en cruz griega rematados con una cúpula central y cuatro cúpulas menores en cada una de las naves de la cruz.

Escultura

La escultura bizantina comienza siendo una derivación de la romana, pero con temas religiosos y con una mayor rigidez y amaneramiento característicos de la tradición oriental.

Cuadro resumen de los estudiado

Paradais Sphynx/CC BY 2.0